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Despertate paparulo

 A mitad del camino de la vida, en una selva oscura me encontraba porque mi ruta había extraviado. Y automáticamente escucho a Cristina, la profesor de Literatura del último año de bachillerato diciendo: "Esta hablando de la crisis de la mediana edad". Jung cuenta que la introversión es la actitud predominante y necesaria de la segunda mitad de la vida, pero me inclino a pensar que una cosa es mirar hacia tus adentros y otra bajar a tus infiernos. Pasados 15 años el primer párrafo de la Divina Comedia tiene otro sentido para mí, ¿qué es la mediana edad? ¿Cómo uno termina perdido en una selva oscura?  Dante habla claramente de un desvío, un extravío que va más allá de una crisis de mediana edad. En todo caso, estaría haciendo lo que supongo sería el ver reels de la época, porque la actitud superficial y extrovertida que nos priva ver nuestro interior siempre ha estado ahí. Creo yo, que hay una crítica pesimista que ya ha esta tendencia ya en la época de Dante, porque nadie baj...

Divina aflojada

I-IV: Arrancamos la Divina Comedia y en estos capítulos vemos una bajada al infierno de nuestro protagonista, que es el mismísmo Dante. Él es un personaje de su libro. Me imagino que habrá sido alto plot-twist en el año 1300. Al principio parece una mezcla de tártaro griego e infierno cristiano. Por ejemplo, tenemos al río, las almas en pena y al barquero, que en este libro es un demonio llamado Carón. El barquero está con los que "mueren en la cólera de Dios", a los que Dios hizo verga y encima los manda a sufrir un poco más sin poder siquiera entrar al infierno. Es interesante lo que dice Dante que "su temor se convierte en deseo", osea quieren entrar a un lugar de mierda, la verdad, como cuando el patovica no te deja entrar a un cumple en un boliche cheto, donde sabés que la vas a pasar mal pero igual te quedás con las ganas. Ahí tenemos un claro ejemplo del dios terrible del antiguo testamento que tortura y condena: No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te ...

En búsqueda de la Libertad

 El Piti Fernández cantó: "la imitación es el peor suicidio, teniendo en cuenta que morir nos vamos a morir igual". En el caso de Fausto, más que la imitación fue la reclusión, está viejo quemado en su palacio de los prados que le robo al mar. Trata como el orto a su gente, no le hace fiestita a los campeones y están todos medios calientes con él. Hay un tiempo para todo, diría que lo dijo Jung, pero es una idea que viene desde que el ser humano es lo que es. Pero lo que si aportó Carlitos a esta idea desde su teoría, es que a cada tiempo hay ciertas exigencias contextuales y psicológicas. Fausto, que venía re manija de acá para allá, se volvió un ermitaño en su palacio habiendo ganado terreno al mar, y creyendo que era re poronga por eso. Pero la advertencia es clara:      BUACIS. No te fíes de un suelo que antes fue agua. Es el peligro de esa idea de mierda y filosofía de la "iluminación" de nuestra época (perdón por el hate) creer que el fin de la trascendencia y...

Pobre diablo

 El libre mar presta su libertad al espíritu;  ¿Quién sabe allí lo que es reflexionar?  El enviado del mar vence a las aguas y forma un reino enorme. Pero eso no le basta, porque hay una pequeña casita en una colina que le arruina el paisaje y le da toc. Así que envía a los tres violentos con la orden de desalojar a los moradores. La cuestión escala una banda y los dementes hacen mierda todo y prenden fuego la casa con una pareja de viejitos adentro, demostrando que Fausto ha abandonado por completo la virtud, en favor de sus caprichos. Sin embargo, esa es su última injusticia, porque, mientras el humo se disipa en el horizonte, cae la noche y con ella cuatro fantasmas en forma de mujeres canosas: la escasez, la culpa, la inquietud y la necesidad. Todas conversan con el doctor y se van, pero la que se queda es la necesidad, que es otro nombre para la muerte.  Fausto hace un balance de su vida y dice: No he hecho otra cosa que tener deseos y realizarlos, para luego vo...

Dios le da a cada uno su propia guerra

 Luego de un tomo I, varios viajes, aventuras, amoríos ilegales como platónicos. Fausto encuentra el objeto de su pasión, aquello que llama la atención a los mortales y le es incapaz de entender aquel que no teme a la muerte. Dónde encontró ese deseo tan profundo que desea que se le sea satisfecho es en un cuelgue que tuvo viendo las olas del mar. Y a mi, en su descripción, me vinieron dos imágenes bastante potentes: [...] Domina allí ola tras ola, animada de fuerza, que luego se retira sin haber logrado nada, cosa capaz de angustiarme hasta la desesperación. ¡Oh, fuerza sin objeto de los indómitos elementos! En ese punto mi espíritu osa volar por encima de sí mismo: en esto querría yo luchar, esto es lo que yo querría vencer [...] Y si sigue: [...] Así que presto he trazado en mi mente plan tras plan: consigue para ti el exquisito deleite de expulsar al poderoso mar de la orilla, de estrecharle los límites a la húmeda extensión y obligarla a retroceder muy adentro de sí misma. Ten...

浮士德 (Fú shì dé)

En el acto IV se retoma el arco del emperador. Ahora está exiliado esperando que se la vengan a dar sus detractores, que han armado una facción antiemperador. Mefis y Fausto se entrometen a ayudarlo con un ejército mercenario de bandidos de la montaña y un par de magias, ilusiones y lluvias de sangre típicas de cualquier necromancer.  El punto del acto parece ser los altibajos: hoy estás en la cima y mañana en el fondo. Algo que los chinos explicaron a la perfección en el I Ching o libro de las mutaciones. Cambio es todo lo que hay . Lo importante es saber dónde estás y si estás subiendo o en caída para tomar las mejores decisiones. Pero la idea no es ir contracorriente sino saber vivir en el pozo y también en la gloria.   El mar ejerce su dominio ola sobre ola, se retira sin haber creado nada, lo cual me produce espanto hasta la desesperación. Es una fuerza de elementos desencadenados que no tiene fin alguno.  A Fausto lo desesperan los altibajos de la vida, la impe...

Pa que te traje?

 Cual extremo por derecha o izquierda, Mefistófeles está podrido de meterle centros a la cabeza a Fausto para que le erre abajo del arco. Él sabe que es horrible, sabe que no va por ahí la cosa, pero de todas maneras sigue levantando centros a lo Román y evitando pegarle él, porque sabe que Fausto, como buen goleador, alguna se le va a dar. Luego de llegar a este mundo antiguo griego, que ni Fausto entiende muy bien, ni Mefistófeles se banca mucho, aparece el mayor deseo de nuestro héroe: la belleza en estado puro encarnada en Helena. El capítulo comienza en los pagos de Menelao, donde ella sabe ser dueña y señora de la casa, luego de unos diálogos donde nos deja entender la función que ella cumple para todos nosotros, como aquello que ahoga todo en lo bello para hacerlo trascender, y alguna referencia que me encantaría entender sobre volver a la casa paterna, Helena se encuentra con un personaje que no le devuelve su importancia en forma de eco, como está acostumbrada. Mefistófele...