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Divina aflojada

I-IV: Arrancamos la Divina Comedia y en estos capítulos vemos una bajada al infierno de nuestro protagonista, que es el mismísmo Dante. Él es un personaje de su libro. Me imagino que habrá sido alto plot-twist en el año 1300. Al principio parece una mezcla de tártaro griego e infierno cristiano. Por ejemplo, tenemos al río, las almas en pena y al barquero, que en este libro es un demonio llamado Carón. El barquero está con los que "mueren en la cólera de Dios", a los que Dios hizo verga y encima los manda a sufrir un poco más sin poder siquiera entrar al infierno. Es interesante lo que dice Dante que "su temor se convierte en deseo", osea quieren entrar a un lugar de mierda, la verdad, como cuando el patovica no te deja entrar a un cumple en un boliche cheto, donde sabés que la vas a pasar mal pero igual te quedás con las ganas. Ahí tenemos un claro ejemplo del dios terrible del antiguo testamento que tortura y condena:

No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen  (Éxodo 20:3-5)

Dante es acompañado en esta travesía por el poeta Virgilio al primer círculo, donde las cosas no parecen estar tan mal. Ahí la gente está condenada a "vivir con el deseo pero sin esperanza", más o menos como en el gobierno de Milei, pero no es que los están cagando a latigazos como en el infierno de los dibujitos animados. 
En el primer círculo está también la primera aflojada de Dante respecto al cristianismo: sabe que no puede mandar al cielo a sus maestros poetas clásicos, ni a los filósofos, porque se le va a armar tremendo quilombo con la Iglesia, por eso les da una pradera donde todos pueden estar juntos. Ovidio, Homero, Horacio, Socrates, Platón, Aristóteles, al que llama "el filósofo" como hacían los medievales, y  hasta los musulmanes como Averroes o Avicena. También están los héroes reales y ficticios desde Hector y Eneas a Julio Cesar. Se notó que había leído bien las meditaciones de Ovidio este buen señor. Al final les da un pequeño paraíso dentro del infierno, les dio lo que pudo, como agradecimiento de ser él también parte de esa tradición grecolatina, que honra toda ciencia y todo arte y alumno de estos hombres  "que no fueron rebeldes ni fieles a dios sino que solo vivieron para sí". 



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